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IDEAS CLAVE

- La inteligencia artificial, la electrificación y la seguridad energética están creando un nuevo superciclo de inversión en infraestructura.

- Son activos irremplazables, con barreras de entrada que ningún competidor puede saltar.

- Buena parte de sus ingresos futuros ya está determinada hoy por regulación y contratos de larga duración.

- Desde 2012 la bolsa global pasó de 1.7 a más de 4 veces valor en libros; la infraestructura sigue cerca de 2.5 veces.

- Hoy ofrece 3 a 4 por ciento de dividendo con utilidades creciendo de 6 a 8 por ciento anual.

En la primera parte vimos el problema: la inflación reduce lo que tu dinero compra dentro del país y la devaluación reduce lo que vale fuera, de modo que quedarse en efectivo pierde por dos lados a la vez. También vimos que, durante veinticinco años, la infraestructura global cotizada no solo le ganó a la inflación, sino también al mercado amplio de acciones.

Queda la pregunta que importa para decidir hoy: si eso ya pasó, ¿por qué creeríamos que lo mejor apenas viene? Esta segunda parte responde con tres argumentos: el superciclo de inversión que está arrancando, la naturaleza irremplazable de estos activos, y una divergencia de valuaciones que nos parece difícil de ignorar.

La comparación con la renta variable global

Durante la última década, las bolsas globales generaron rendimientos excepcionales, impulsados sobre todo por el éxito extraordinario de las empresas tecnológicas. La computación en la nube, la inteligencia artificial y los grandes modelos de lenguaje transformaron la economía mundial y crearon un valor enorme para los accionistas.

Sin embargo, esos rendimientos se concentraron cada vez más en un número reducido de tecnológicas de megacapitalización, y las valuaciones subieron de forma sustancial. Medidas tradicionales como el precio a valor en libros aproximadamente se duplicaron en la última década, mientras que el rendimiento por dividendo cayó de cerca de 2.5 por ciento a aproximadamente 1.5 por ciento. Eso deja al inversionista cada vez más dependiente de que las utilidades sigan creciendo y de que las valuaciones se expandan todavía más.

La situación de la infraestructura es muy distinta. A pesar de beneficiarse de tendencias estructurales poderosas como la electrificación, la digitalización, la demanda eléctrica de la inteligencia artificial, la transición energética y la necesidad de modernizar infraestructura envejecida, sus valuaciones se han mantenido en línea con sus promedios históricos. A diferencia de muchas tecnológicas, las acciones de infraestructura casi no han visto expansión de múltiplos, así que el crecimiento de las utilidades ha seguido siendo el motor principal del rendimiento.

La infraestructura también ha mostrado un carácter defensivo. Como presta servicios esenciales como transmisión eléctrica, distribución de agua, telecomunicaciones y transporte, sus ingresos y flujos de efectivo tienden a ser más estables que los del mercado en general. Ha participado de las subidas de la renta variable, pero con mayor resiliencia en periodos de tensión e incertidumbre.

El próximo superciclo de infraestructura

Tradicionalmente, la infraestructura se asociaba con activos maduros y defensivos: carreteras, aeropuertos, gasoductos y empresas reguladas de servicios públicos. Esos sectores siguen siendo importantes, pero la naturaleza de la infraestructura está cambiando rápido. Hoy está en el centro de algunas de las tendencias estructurales más poderosas del mundo, creando lo que podría convertirse en uno de los mayores ciclos globales de inversión de las últimas décadas.

La inteligencia artificial es el mejor ejemplo. El avance de la IA y de los grandes modelos de lenguaje disparó la demanda de capacidad de cómputo, provocando una expansión sin precedentes de centros de datos en todo el mundo. Esas instalaciones consumen cantidades enormes de electricidad y requieren un sistema eléctrico confiable. Atender esa demanda exige no solo nueva generación, sino inversión sustancial en redes de transmisión de alta tensión, subestaciones, redes de distribución y almacenamiento en baterías. La revolución de la IA no solo crea oportunidades en software y semiconductores: está impulsando una ola de inversión en toda la infraestructura física que sostiene la economía digital.

Lo mismo pasa con la electrificación de la economía. Los vehículos eléctricos, las bombas de calor, la automatización industrial y la manufactura digital están aumentando el consumo eléctrico después de décadas de demanda relativamente estable. Al mismo tiempo, los gobiernos invierten fuerte en renovables para reducir emisiones y mejorar su seguridad energética. Como la generación renovable suele estar lejos de los centros de población, se requieren mejoras importantes en transmisión y distribución. El almacenamiento en baterías añade otra capa crítica, ayudando a equilibrar la generación intermitente.

Y más allá de la transición energética, la geopolítica también está moviendo la inversión. La relocalización de la producción, el énfasis en cadenas de suministro resilientes y el mayor gasto en defensa impulsan nueva inversión en instalaciones industriales, puertos, ferrocarriles, redes logísticas e infraestructura energética estratégica. Muchos países ya consideran la infraestructura no solo una necesidad económica, sino una cuestión de competitividad y seguridad nacional.

Juntas, estas tendencias sugieren que el mundo entra a un nuevo superciclo. A diferencia de ciclos anteriores, este no lo impulsa un solo factor, sino la combinación de inteligencia artificial, electrificación, digitalización, descarbonización, seguridad energética y cambio geopolítico. La escala de la inversión necesaria no se mide en miles de millones, sino en billones de dólares. Para el inversionista, esto significa que la infraestructura ya no es solo una clase de activo defensiva: se está convirtiendo en uno de los principales facilitadores del crecimiento económico mundial.

El diagrama ilustra esa reacción en cadena. Un avance en inteligencia artificial no termina en computadoras más rápidas: desencadena inversión en todo el ecosistema de infraestructura, desde centros de datos y redes eléctricas hasta renovables y almacenamiento en baterías. Esa cadena de valor interconectada es una de las razones por las que creemos que las perspectivas de largo plazo del sector mejoraron de forma fundamental.

Por qué estos activos son irremplazables

Una característica que define a estas empresas es que poseen activos excepcionalmente difíciles, y muchas veces imposibles, de replicar. En la mayoría de las industrias un competidor puede entrar construyendo otra fábrica o lanzando un producto nuevo. Aquí no. No es económica ni socialmente deseable construir redes de transmisión paralelas, duplicar sistemas de distribución de agua ni levantar varios aeropuertos para servir a una misma ciudad. Lo mismo aplica a ferrocarriles, puertos, gasoductos, torres y redes de fibra. Una vez construidos, estos activos se vuelven parte esencial de la columna vertebral económica de un país.

Esa posición da ventajas competitivas importantes. Como prestan servicios de los que todos dependen a diario, la demanda se mantiene relativamente estable a lo largo del ciclo económico. En muchos casos sus ingresos están regulados o respaldados por contratos de largo plazo, lo que da alta visibilidad de utilidades y reduce la exposición a los vaivenes de corto plazo. Al mismo tiempo, las inversiones de capital enormes, los largos procesos de permisos y las autorizaciones regulatorias crean barreras que desalientan a cualquier competidor.

Para el inversionista, esto se traduce en flujos de efectivo estables, rendimientos atractivos sobre el capital invertido y dividendos consistentes durante muchos años. A diferencia de las empresas en industrias muy competidas, rara vez necesitan competir por precio para defender su posición. Conforme aumenta la población, las economías se digitalizan y la demanda eléctrica sigue creciendo, las redes existentes se vuelven más valiosas, no menos.

¿Por qué las utilidades de la infraestructura son tan predecibles?

Porque buena parte de los ingresos de mañana ya está determinada hoy. A las empresas reguladas se les permite obtener un rendimiento acordado sobre el capital invertido en sus redes, así que cada inversión amplía la base de activos regulados y se traduce en crecimiento futuro de utilidades. Los aeropuertos y las autopistas de peaje operan bajo concesiones que duran décadas, y las torres y los gasoductos suelen tener contratos de largo plazo con sus clientes.

Muchos de esos marcos, concesiones y contratos incluyen además ajustes explícitos o implícitos por inflación, lo que permite que los ingresos suban conforme sube el nivel general de precios. Las carteras de inversión comprometida aportan visibilidad adicional: cuando una empresa regulada tiene un programa aprobado de inversión a diez años para ampliar su red eléctrica, el inversionista puede estimar con confianza razonable cómo evolucionará su base de activos y, por lo tanto, sus utilidades, durante muchos años.

El contraste con otros sectores es claro. Una empresa tecnológica puede tener productos extraordinarios hoy, y aun así resulta muy difícil predecir su posición competitiva, su poder de fijación de precios o incluso su relevancia tecnológica dentro de diez años. Una red eléctrica que es esencial hoy casi con certeza seguirá siendo esencial en una década.

Por qué podría superar al mercado en la próxima década

El rendimiento pasado nunca garantiza el futuro, pero las valuaciones de partida importan. Uno de los hechos más llamativos de la última década es la divergencia entre las valuaciones de la renta variable global y las de la infraestructura cotizada.

Alrededor de 2012 ambas cotizaban a múltiplos de precio a valor en libros muy parecidos, cercanos a 1.7 veces. Desde entonces, sus trayectorias divergieron de forma drástica. El múltiplo de la renta variable global subió por encima de 4 veces, mientras que la infraestructura se mantuvo dentro de su rango histórico y hoy se ubica alrededor de 2.5 veces. Dicho de otro modo, buena parte del rendimiento excepcional de la renta variable vino acompañado de una expansión importante de múltiplos, mientras que la infraestructura apenas se revaluó.

Esa distinción importa al pensar en la próxima década. La renta variable global se benefició de avances fundamentales extraordinarios, pero hoy el inversionista paga sustancialmente más por esas utilidades futuras que hace diez años, y el rendimiento del mercado está cada vez más concentrado en unas cuantas empresas grandes. Eso no significa que no pueda seguir funcionando bien, pero una valuación de partida más alta crea un obstáculo más exigente.

Con la infraestructura ocurre casi lo contrario. A pesar de una expansión de valuación limitada, sus perspectivas fundamentales se fortalecieron mucho: la IA y los centros de datos aceleran la demanda eléctrica, la electrificación exige ampliar transmisión y distribución, las renovables requieren nuevas conexiones y almacenamiento, y los gobiernos invierten en seguridad energética, agua, conectividad y transporte. Muchas empresas reguladas tienen hoy programas de inversión históricamente altos que se extienden hasta bien entrada la próxima década.

Los números lado a lado

 

Infraestructura global

Renta variable global

Rendimiento por dividendo

3 a 4 por ciento

~1.5 por ciento

Precio a valor en libros

~2.5 veces

Más de 4 veces

Crecimiento esperado de utilidades

6 a 8 por ciento anual

Depende de que las valuaciones se sostengan

Lo que hace especialmente interesante la oportunidad actual es que esos ingresos atractivos se combinan hoy con un crecimiento de utilidades mucho más fuerte. Históricamente, muchas empresas reguladas crecían despacio, con frecuencia apenas 1 o 2 por ciento anual. Hoy la situación cambió: las necesidades enormes de inversión asociadas a redes eléctricas, electrificación, centros de datos, renovables y seguridad energética permiten que muchas aspiren a crecer entre 6 y 8 por ciento anual. En las reguladas, más inversión de capital se traduce directamente en una base de activos más amplia y, por lo tanto, en mayores utilidades futuras.

La combinación es poco común: un dividendo de 3 a 4 por ciento junto con un crecimiento anual de utilidades de 6 a 8 por ciento, mientras se poseen activos esenciales con flujos predecibles y barreras de entrada altas. Y esa mejora en las perspectivas no vino acompañada del mismo grado de expansión de valuaciones que sí vimos en la renta variable global.

Riesgos y la importancia de diversificar

Ninguna inversión está libre de riesgo y esta no es la excepción. Aunque estas empresas poseen activos esenciales y operan modelos más estables que el promedio, sus acciones cotizan en mercados públicos y fluctúan con el ánimo general del mercado. En periodos de tensión financiera, incluso las de mayor calidad pueden sufrir caídas temporales de precio.

Por eso es importante entender que esta estrategia está diseñada para preservar patrimonio a largo plazo, no para resolver necesidades de capital a corto plazo. Conviene destinar solo capital que probablemente no vayas a necesitar en los próximos tres a cinco años. En plazos más cortos los movimientos del mercado son impredecibles y los precios pueden separarse temporalmente del valor real de las empresas.

La otra consideración es la diversificación. Aunque estas empresas suelen ser más defensivas que la empresa cotizada promedio, cada negocio tiene riesgos propios: cambios regulatorios, problemas operativos, decisiones de la administración o retrasos inesperados en proyectos. Por eso conviene evitar concentrar todo en una o dos empresas.

Una cartera debería diversificarse entre países, monedas y subsectores. Invertir globalmente reduce la dependencia de las condiciones económicas, las decisiones políticas y la moneda de un solo país. Diversificar entre subsectores reduce aún más el riesgo, porque los negocios subyacentes responden a factores distintos. Una cartera bien diversificada puede incluir empresas reguladas de electricidad y agua, redes de transmisión de gas, torres, fibra, aeropuertos, puertos y ferrocarriles. Mientras un sector atraviesa dificultades, otro puede estar beneficiándose de condiciones más favorables.

Esa diversificación global respalda directamente el punto central de esta tesis: proteger el poder adquisitivo. En lugar de depender de la fortaleza de una sola moneda local, obtienes exposición a empresas que generan ingresos en varias monedas y operan en distintos entornos regulatorios.

Por último, conviene distinguir entre el precio de la acción y el negocio que hay detrás. En periodos de incertidumbre, estas acciones pueden caer junto con el mercado. Pero la naturaleza esencial del negocio significa que sus operaciones siguen prácticamente intactas: la electricidad se sigue transmitiendo, el agua se sigue suministrando, los trenes siguen moviendo carga y las redes siguen transportando volúmenes crecientes de datos.

Conclusión

La infraestructura global cotizada da exposición a empresas dueñas de algunos de los activos más esenciales del mundo, con barreras de entrada altas, utilidades predecibles, ingresos ligados a la inflación y crecimiento estructural de largo plazo.

Las mejores oportunidades de inversión suelen aparecer cuando se juntan tres condiciones:

  • El crecimiento estructural se está acelerando.

  • Las valuaciones siguen siendo razonables.

  • El mercado todavía considera a las empresas como defensivas.

Creemos que el sector de infraestructura reúne hoy las tres.

Como cualquier inversión en renta variable, la infraestructura cotizada vivirá periodos de volatilidad. Pero para quien invierte a largo plazo y diversifica entre países, monedas y subsectores, esas fluctuaciones temporales deben verse en el contexto de empresas que siguen prestando servicios esenciales y generando efectivo sin importar el ciclo económico.

Invertir bien a largo plazo no consiste en adivinar la próxima corrección ni el próximo movimiento del tipo de cambio. Consiste en poseer activos de alta calidad que sigan creando valor año tras año.

El efectivo preserva el patrimonio nominal. Los activos reales preservan el poder adquisitivo. La infraestructura global cotizada tiene el potencial de hacer las dos cosas, mientras participa en uno de los mayores ciclos de inversión de la era moderna.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el superciclo de infraestructura?

Es una ola de inversión impulsada al mismo tiempo por la inteligencia artificial, la electrificación, la digitalización, la descarbonización, la seguridad energética y el cambio geopolítico. A diferencia de ciclos anteriores, no lo mueve un solo factor, y su escala se mide en billones de dólares.

¿Cuánto paga de dividendo la infraestructura global?

Históricamente se ha mantenido entre 3 y 4 por ciento, de forma bastante estable durante la última década. La renta variable global, en cambio, paga hoy alrededor de 1.5 por ciento, después de caer desde cerca de 2.5 por ciento hace diez años.

¿Por qué las utilidades de la infraestructura son predecibles?

Porque buena parte de sus ingresos futuros ya está definida por regulación y contratos. Las empresas reguladas obtienen un rendimiento acordado sobre el capital invertido, y los aeropuertos, autopistas, torres y gasoductos operan bajo concesiones y contratos que duran décadas, muchos con ajustes por inflación.

¿Qué relación tiene la inteligencia artificial con la infraestructura?

Los centros de datos que hacen posible la IA consumen cantidades enormes de electricidad y exigen redes confiables. Atender esa demanda requiere inversión en generación, transmisión de alta tensión, subestaciones, distribución y almacenamiento en baterías, todo ello infraestructura física.

¿Cuáles son los principales riesgos?

Sus acciones cotizan en bolsa y caen cuando el mercado cae, aunque el negocio siga intacto. También hay riesgo regulatorio, operativo y de ejecución en cada empresa. Por eso conviene diversificar entre países, monedas y subsectores, e invertir solo capital que no necesites en los próximos tres a cinco años.

Este artículo tiene fines exclusivamente educativos e informativos y refleja la opinión del autor. No constituye asesoría financiera, recomendación personalizada de inversión ni oferta de compra o venta de valores. StoxLatam no es asesor en inversiones registrado ante la CNBV. Toda inversión conlleva riesgos, incluida la posible pérdida del capital. El desempeño pasado no garantiza resultados futuros. Las cifras citadas provienen de información pública disponible a mediados de 2026 y cambiarán con el tiempo. Realiza tu propio análisis y consulta a un asesor profesional autorizado antes de invertir.

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