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IDEAS CLAVE

- Analizar buenas empresas no es lo mismo que construir una buena cartera: el riesgo de la cartera es distinto a la suma de sus partes.

- En una cartera ilustrativa de catorce empresas de infraestructura en seis sectores, la volatilidad cae de 26.8 por ciento (acción promedio) a 15.7 por ciento (cartera).

- El rendimiento anualizado sube de 9.0 a 11.6 por ciento, y el índice de Sharpe pasa de 0.34 a 0.74: más del doble.

- La caída máxima baja de 43.9 por ciento (promedio individual) a 29.9 por ciento (cartera), aunque algunas empresas cayeron hasta 61.3 por ciento por sí solas.

- Recuperarse de una caída grande exige una ganancia desproporcionadamente mayor: una caída de 50 por ciento exige una ganancia de 100 por ciento solo para volver al punto de partida.

En nuestro artículo anterior sobre por qué invertir en infraestructura cotizada, analizamos uno de los principales desafíos que enfrentan los inversionistas de largo plazo en América Latina: preservar el poder adquisitivo. A lo largo de periodos extensos, el inversionista ha tenido que lidiar no solo con la inflación, sino también con la devaluación de las monedas locales frente al dólar. El objetivo de invertir en infraestructura cotizada a nivel global, entonces, no es generar un buen rendimiento en un año en particular. Es generar riqueza a lo largo del tiempo, a un ritmo capaz de superar la inflación y la devaluación, manteniendo el riesgo en un nivel aceptable.

Alcanzar ese objetivo exige algo más que identificar empresas de infraestructura atractivas una por una.

La mayor parte del análisis de acciones se concentra en emisoras individuales. Durante los años que trabajé en un banco de inversión importante, había más de 250 analistas examinando empresas a detalle: estudiaban estados financieros, se reunían con los equipos directivos, proyectaban utilidades y flujos de efectivo, y determinaban cuánto debería valer cada acción. Sin embargo, solo un puñado de estrategas (quizás tres) analizaban las acciones desde la perspectiva de una cartera completa.

Esa distinción importa, porque el riesgo de una cartera es fundamentalmente distinto al riesgo de las acciones individuales que la componen. Una red eléctrica, un aeropuerto, una autopista de cuota, una ferroviaria o una torrera pueden ser, cada una por separado, una inversión atractiva a largo plazo. Pero cada empresa sigue expuesta a sus propios riesgos: regulación, decisiones políticas, costos de financiamiento, problemas operativos, cambios de demanda o, simplemente, un evento inesperado como un incendio forestal o el colapso de un puente. Incluso una empresa excelente puede vivir una volatilidad considerable y caídas fuertes.

Combinar distintas empresas de infraestructura en una cartera bien diversificada cambia ese perfil de riesgo por completo. Un aeropuerto no responde a las mismas fuerzas económicas que una red eléctrica regulada. Una transmisora europea enfrenta condiciones regulatorias y de tasas distintas a las de una autopista latinoamericana o una ferroviaria japonesa. Como estas inversiones no se mueven al unísono, algunos riesgos individuales se compensan entre sí a nivel de cartera.

Esa es la esencia de la diversificación. El objetivo no es simplemente poseer más acciones, sino combinar distintas fuentes de rendimiento y riesgo de modo que la cartera termine siendo más resistente que sus componentes por separado.

Esto importa especialmente para quien busca preservar capital a largo plazo. Una estrategia diseñada para superar la inflación y la devaluación no puede depender del éxito de una o dos empresas. Las pérdidas grandes exigen ganancias posteriores desproporcionadamente mayores para compensarlas: una caída de 20 por ciento requiere una ganancia de 25 por ciento para volver al punto de partida, mientras que una caída de 50 por ciento requiere una ganancia de 100 por ciento.

Por eso controlar las caídas no se trata solo de que una inversión se sienta menos volátil. Es una parte central de construir riqueza a largo plazo, y es la razón por la que la construcción de cartera merece, al menos, tanta atención como la selección de acciones individuales.

En este artículo pasamos del análisis de empresas de infraestructura individuales a examinar cómo se combinan en una cartera. Usando una cartera ilustrativa de infraestructura cotizada a nivel global, veremos qué pasa con la volatilidad y las caídas cuando se combinan acciones individuales, cómo las correlaciones entre distintos sectores de infraestructura generan beneficios de diversificación, y por qué el riesgo de la cartera resultante puede ser sustancialmente menor que el de sus posiciones por separado.

La pregunta deja de ser simplemente qué empresas de infraestructura debería tener un inversionista. Pasa a ser cómo deben combinarse esas empresas para que la cartera tenga las mejores posibilidades de alcanzar su objetivo de largo plazo: preservar y aumentar el poder adquisitivo frente a la inflación y la devaluación. Ese es el papel de la gestión de cartera, y es el tema central de este artículo.

AVISO SOBRE ESTA CARTERA

La cartera que analizamos a continuación es hipotética e ilustrativa. No es una cartera real en la que se pueda invertir y no debe interpretarse como una recomendación de inversión. Las catorce empresas se eligieron para representar seis sectores distintos de infraestructura cotizada y para demostrar, con datos reales de mercado, qué sucede cuando se combinan acciones individuales a nivel de cartera.

De la selección de acciones a la construcción de cartera

Para ilustrar cómo la diversificación cambia el perfil de riesgo de una inversión, construimos una cartera hipotética de infraestructura cotizada a nivel global compuesta por empresas de seis sectores distintos.

Sector

Ejemplos

Por qué importan

Transmisión eléctrica

ISA · National Grid · Terna

Conectan energía renovable y sostienen la electrificación y la creciente demanda eléctrica.

Infraestructura digital

América Móvil · Cellnex · American Tower

Redes móviles, fibra óptica y conectividad de datos.

Aeropuertos

AENA · Aeropuerto de Zúrich

Nodos de transporte clave que se benefician del crecimiento del tráfico a largo plazo.

Ferrocarriles

Canadian National · East Japan Railway

Logística de carga y movilidad de pasajeros.

Servicios de agua

Severn Trent · American Water Works

Servicio esencial con rendimientos regulados y relativamente predecibles.

Redes de gas

Snam · Enagás

Seguridad energética e infraestructura de transición.

Rendimiento y volatilidad: tendencia frente a fluctuación

Antes de ver los resultados de nuestra cartera de ejemplo, conviene entender dos de las medidas más importantes que usamos: el rendimiento anualizado y la volatilidad.

Una forma sencilla de distinguirlas: el rendimiento describe la dirección de largo plazo de una inversión, mientras que la volatilidad describe las fluctuaciones alrededor de esa dirección.

Imagina una inversión que, a lo largo de muchos años, crece de 100 a 200. No lo hizo en línea recta. En algunos años subió mucho, en otros solo un poco, y ocasionalmente bajó. El rendimiento anualizado describe la tasa subyacente a la que creció durante todo el periodo. La volatilidad indica cuánto fluctuaron los rendimientos individuales alrededor de esa tendencia.

Figura 1. Cien pesos invertidos en la cartera ilustrativa a finales de 2018 valdrían hoy alrededor de 237, a pesar de tres caídas fuertes en el camino.

La gráfica marca tres momentos en los que la cartera cayó con fuerza, y vale la pena entender cada uno:

Covid-19 (febrero-marzo de 2020). El cierre repentino de la actividad económica mundial golpeó especialmente a los activos ligados al tráfico de personas, como aeropuertos y ferrocarriles. La cartera cayó 29.9 por ciento en cuestión de semanas.

Subida de los rendimientos de los bonos (2022). El "rendimiento de los bonos" es el interés que paga un bono cada año en relación con su precio: cuando los bancos centrales suben las tasas de interés para combatir la inflación, ese rendimiento sube. Como muchas empresas de infraestructura se valoran de forma parecida a un bono (flujos de efectivo estables y predecibles a muy largo plazo), una subida fuerte en el rendimiento de los bonos vuelve más atractivos a los bonos por comparación, y el precio de las acciones de infraestructura tiende a caer. Eso fue lo que ocurrió en 2022, con una caída máxima de 28.4 por ciento.

Repunte de tipos y ajuste de valoraciones (octubre de 2024 a enero de 2025). Un "repunte de tipos" es un aumento relativamente rápido en las tasas de interés o en las expectativas sobre ellas. Cuando eso ocurre, el mercado vuelve a recalcular cuánto valen hoy los flujos de efectivo futuros de estas empresas, lo que se conoce como un "ajuste de valoraciones". Fue una caída más moderada que las dos anteriores, de 15.2 por ciento, y la cartera se recuperó con fuerza después.

Esta distinción es clave para el inversionista de largo plazo, porque los rendimientos se acumulan con el tiempo. Una inversión que rinde 12 por ciento anual no simplemente suma 12 puntos porcentuales cada año: el rendimiento de un año pasa a formar parte del capital sobre el que se generan los rendimientos futuros. A una tasa de 12 por ciento anual, una inversión de 100 crece hasta cerca de 310 en diez años. El tiempo permite que el efecto de los rendimientos positivos se acumule.

Las fluctuaciones de corto plazo se comportan distinto: la volatilidad crece aproximadamente con la raíz cuadrada del tiempo, no de forma directa. Si la volatilidad anual es de 10 por ciento, la volatilidad a dos años no es de 20 por ciento, sino de aproximadamente 14 por ciento. A cuatro años, es de aproximadamente 20 por ciento, no 40 por ciento.

Esto tiene un efecto importante a largo plazo: el rendimiento acumulado esperado crece mucho más rápido con el tiempo que la volatilidad asociada a las fluctuaciones de corto plazo. A medida que el horizonte se alarga, la tendencia de largo plazo puede volverse cada vez más relevante frente a los vaivenes de un año a otro.

Esto es especialmente relevante para el inversionista latinoamericano. Superar la inflación y la devaluación no es principalmente un objetivo de un año: es un objetivo de capitalización de largo plazo.

La diversificación entre acciones busca reducir la magnitud de las fluctuaciones y caídas de corto plazo, mientras que el tiempo permite que los rendimientos positivos de la cartera se acumulen.

En conjunto, estos factores son la base de una cartera diseñada para preservar y hacer crecer el poder adquisitivo a largo plazo.

La diversificación mejora el perfil de riesgo-rendimiento

Aunque las acciones individuales son inversiones atractivas de largo plazo, pueden vivir fluctuaciones y caídas sustanciales. Combinarlas en una cartera con el mismo peso reduce considerablemente esos riesgos específicos de cada acción.

El riesgo de la cartera no es simplemente el promedio del riesgo de sus posiciones, porque las distintas empresas no suben ni bajan al mismo tiempo ni en la misma proporción. Una hidroeléctrica británica, un aeropuerto español, una ferroviaria norteamericana y una transmisora europea están expuestas a factores económicos, regulatorios y geográficos distintos. Combinar esas fuentes de riesgo genera diversificación, y permite que la cartera alcance una volatilidad sustancialmente menor y caídas máximas más pequeñas que muchas de sus posiciones por separado.

Los números lo muestran con claridad. La siguiente tabla compara el rendimiento anualizado, la volatilidad, el índice de Sharpe y la caída máxima de cada una de las catorce empresas frente al promedio simple y frente a la cartera combinada:

Empresa

Rendimiento anual.

Volatilidad anual.

Índice de Sharpe

Caída máxima

ISA

15.9%

41.0%

0.39

59.3%

National Grid

13.3%

23.1%

0.57

38.8%

Terna

13.7%

22.5%

0.61

33.0%

América Móvil

9.9%

28.2%

0.35

40.9%

Cellnex

7.3%

31.2%

0.23

61.3%

American Tower

3.9%

27.9%

0.14

45.3%

AENA

11.3%

29.9%

0.38

50.5%

Aeropuerto de Zúrich

9.2%

26.3%

0.35

49.5%

Canadian National

9.2%

22.8%

0.40

29.6%

East Japan Railway

−2.0%

25.1%

−0.08

49.4%

Severn Trent

12.2%

25.1%

0.49

40.4%

American Water Works

7.4%

25.1%

0.30

37.1%

Snam

11.6%

22.9%

0.51

36.6%

Enagás

2.7%

23.5%

0.11

42.5%

Promedio de las 14 acciones

9.0%

26.8%

0.34

43.9%

Cartera combinada

11.6%

15.7%

0.74

29.9%

Datos correspondientes al periodo analizado, con base en información pública de mercado.

Nótese que ninguna empresa individual generó, por sí sola, el resultado de la cartera: el mejor Sharpe individual (Terna, 0.61) sigue por debajo del Sharpe de la cartera (0.74). Y no todas las posiciones habrían funcionado igual de bien por separado: East Japan Railway tuvo un rendimiento anualizado negativo (−2.0 por ciento) en el periodo, el único caso entre las catorce. Aun así, la cartera en su conjunto rindió 11.6 por ciento. Esa es, precisamente, la idea: no se necesita acertarle a cada posición para que la cartera funcione.

Una acción individual promedio tiene una volatilidad anualizada de 26.8 por ciento, mientras que la cartera diversificada tiene una volatilidad de apenas 15.7 por ciento: una reducción de 41 por ciento. Esta reducción de riesgo no llegó a costa del rendimiento. La cartera generó un rendimiento anualizado de 11.6 por ciento frente a 9.0 por ciento de la acción promedio, una mejora de 29 por ciento.

La combinación de mayor rendimiento y menor volatilidad tiene un efecto particularmente fuerte en el desempeño ajustado al riesgo. El índice de Sharpe sube de 0.34 en la acción promedio a 0.74 en la cartera: 118 por ciento más rendimiento por unidad de riesgo.

La diversificación también protege durante los momentos difíciles del mercado. La caída máxima promedio de las acciones individuales fue de 43.9 por ciento, mientras que la caída máxima de la cartera fue de apenas 29.9 por ciento: una reducción de 32 por ciento, o 14 puntos porcentuales. Cellnex vivió una caída máxima de 61.3 por ciento, ISA de 59.3 por ciento, AENA de 50.5 por ciento y el Aeropuerto de Zúrich de 49.5 por ciento. Combinadas, la caída máxima se redujo a 29.9 por ciento.

Una caída máxima de 30 por ciento describe el peor escenario posible: invertir justo antes de que la cartera empiece a caer, y vender justo en el punto más bajo, antes de que comience la recuperación. Esto suele pasar cuando el inversionista entra en pánico durante una caída y vende cuando el miedo está en su punto máximo. Con la guía adecuada, ese tipo de decisiones impulsadas por el pánico debería poder evitarse. Un enfoque disciplinado de largo plazo ayuda a mantener las posiciones durante los periodos de tensión, en lugar de vender justo en el peor momento posible.

Índice de Sharpe: ¿qué rendimiento obtuvimos por el riesgo asumido?

El índice de Sharpe combina rendimiento y riesgo en una sola cifra. En términos simples, responde a esta pregunta: ¿qué rendimiento obtuvo el inversionista por el nivel de riesgo que asumió? Una cartera que rinde 10 por ciento con volatilidad relativamente baja puede tener un Sharpe más alto que una acción que rinde 12 por ciento con una volatilidad mucho mayor.

Esto es clave para nuestro ejemplo. No buscamos demostrar que combinar acciones genera más rendimiento que la mejor empresa individual; en retrospectiva, casi siempre habrá una acción que superó a la cartera. Lo que buscamos es si combinar distintas empresas de infraestructura permite lograr un rendimiento atractivo con un riesgo sustancialmente menor. Ahí es donde el índice de Sharpe resulta útil: si la diversificación reduce la volatilidad sin reducir el rendimiento en la misma proporción, el rendimiento ajustado al riesgo mejora.

Rendimiento  →  Volatilidad  →  Caída máxima  →  Índice de Sharpe

Esas cuatro dimensiones responden cuatro preguntas distintas:

  • Rendimiento: ¿cuánto dinero generó la inversión?

  • Volatilidad: ¿cuánto fluctuaron sus rendimientos?

  • Caída máxima: ¿cuál fue la mayor pérdida de pico a valle?

  • Índice de Sharpe: ¿qué rendimiento se generó por el riesgo asumido?

La cartera no debe juzgarse solo por si rinde más que cada acción por separado. Ese sería un objetivo poco realista. El beneficio que buscamos es una mejor relación entre rendimiento y riesgo. Si varias acciones tienen volatilidad de 20 a 30 por ciento con caídas sustanciales, y la cartera combinada genera un rendimiento de largo plazo similar con una volatilidad y caídas notablemente menores, la construcción de cartera ha creado algo valioso. Las empresas no cambiaron: la forma en que las combinamos cambió el resultado.

Una cartera no es estática

Hay otro error común sobre la construcción de cartera: pensar que se arma una sola vez. Las empresas cambian, las valuaciones cambian, la regulación cambia. Surgen nuevas oportunidades y otras pierden atractivo. Algunas posiciones tienen un desempeño sólido y se vuelven desproporcionadamente grandes, mientras otras caen y se reducen. Las correlaciones y las fuentes de riesgo también pueden cambiar con el tiempo. Por eso una cartera debe monitorearse de forma continua y ajustarse periódicamente.

La frecuencia depende mucho del tipo de estrategia. Una cartera de tecnología, por ejemplo, puede necesitar cambios relativamente frecuentes: las posiciones competitivas cambian rápido, nuevas tecnologías revolucionan negocios establecidos, y la diferencia entre ganadores y perdedores puede ser enorme.

La infraestructura cotizada es distinta. Los activos subyacentes (redes eléctricas, redes de agua, aeropuertos, ferroviarias, autopistas de cuota, gasoductos y torres de telecomunicaciones) suelen tener vidas económicas muy largas. Las posiciones competitivas cambian despacio, muchos negocios operan bajo marcos regulatorios o de concesión de largo plazo, y los ingresos suelen estar regulados o contratados. Como resultado, una cartera de infraestructura cotizada tiende a ser más estable en el tiempo. La gestión sigue siendo activa, pero esa actividad no implica necesariamente operar con frecuencia.

En cambio, quien administra la cartera se pregunta continuamente: ¿cambió la tesis de inversión? ¿se volvió excesiva la valuación? ¿aumentó el riesgo regulatorio? ¿algún sector, país o factor de riesgo se volvió demasiado dominante? ¿apareció una mejor oportunidad en otro lugar? ¿cambió el riesgo general de la cartera, aunque las posiciones individuales no lo hayan hecho? Esto lleva a una distinción importante: gestión de cartera no es lo mismo que rotación de cartera. Una cartera puede gestionarse de forma activa y supervisarse con cuidado, mientras las empresas individuales permanecen en ella durante muchos años.

Investigación fundamental  →  Selección de acciones  →  Construcción de cartera  →  Diversificación  →  Gestión de riesgos  →  Monitoreo y reequilibrio  →  Capitalización de largo plazo

Esta es la razón por la que nuestro proceso va más allá del análisis tradicional de empresas. La investigación fundamental identifica empresas de infraestructura atractivas. La construcción de cartera determina cuánto invertir en cada una. La diversificación reduce la dependencia de cualquier empresa o factor de riesgo. El análisis de riesgos indica si la cartera se comporta como se esperaba. Y la gestión continua garantiza que la cartera siga reflejando el objetivo de inversión a medida que cambian las circunstancias.

Conclusión

El éxito de la inversión de largo plazo va más allá de encontrar buenas empresas. Se trata de combinarlas de modo que sus fortalezas individuales contribuyan al rendimiento, mientras se reduce el impacto de sus riesgos particulares. Nuestro ejemplo lo demuestra con números: la cartera diversificada logró un rendimiento anualizado de 11.6 por ciento frente a 9.0 por ciento de la acción promedio, redujo la volatilidad anualizada de 26.8 a 15.7 por ciento, bajó la caída máxima de 43.9 a 29.9 por ciento, y más que duplicó el índice de Sharpe, de 0.34 a 0.74.

Ese es el verdadero valor de construir una cartera. No hace falta que todas las empresas tengan buen desempeño al mismo tiempo, ni identificar de antemano cuál generará el mayor rendimiento. Se necesita una colección diversificada de activos de infraestructura de alta calidad, cuyos distintos factores económicos, geográficos y regulatorios permitan que la cartera en conjunto sea más resiliente que sus componentes por separado. Las empresas en sí no se volvieron menos riesgosas: la diversificación cambió el riesgo de invertir en ellas.

Para el inversionista de largo plazo, esto se vuelve especialmente poderoso combinado con el tiempo. La diversificación busca reducir las fluctuaciones y caídas del camino, mientras el tiempo permite que los rendimientos positivos se acumulen año tras año. Para quien busca proteger su patrimonio de la inflación y la devaluación, ese es el objetivo final: no maximizar el rendimiento de un solo año, sino construir una cartera robusta capaz de preservar y aumentar el poder adquisitivo durante muchos años.

También hay una diferencia importante frente a buena parte del análisis de inversión disponible para el inversionista individual. La mayoría de los blogs y analistas se limitan a evaluar una acción a la vez: analizan una empresa y concluyen si les parece atractiva. Nosotros vamos un paso más allá. Identificar empresas atractivas es solo el primer paso; también consideramos cómo combinarlas en una cartera, cuánto invertir en cada posición, cómo gestionar el riesgo resultante y cómo debe evolucionar con el tiempo. No queremos limitarnos a ofrecer una colección de ideas de acciones. Queremos mostrar el proceso completo que convierte ideas individuales en una cartera diversificada, gestionada activamente y pensada para el largo plazo.

Las empresas no cambiaron. Lo que cambió el resultado fue la forma en que se combinaron.

MINI-GLOSARIO

Volatilidad anualizada: qué tanto suben y bajan los rendimientos de una inversión en un año típico. Más alta significa un camino más accidentado, no necesariamente peor rendimiento.

Rendimiento anualizado: la tasa de crecimiento promedio por año a lo largo de todo el periodo, tomando en cuenta el efecto acumulado del interés compuesto.

Caída máxima (drawdown): la mayor pérdida que habría sufrido un inversionista comprando en el punto más alto y vendiendo en el punto más bajo, antes de la recuperación.

Índice de Sharpe: mide el rendimiento obtenido por cada unidad de riesgo asumido. A mayor número, mejor fue la relación entre lo que se ganó y lo que se arriesgó.

Diversificación: combinar inversiones que no se mueven exactamente igual, para que las pérdidas de unas se compensen parcialmente con el comportamiento de otras.

Correlación: qué tanto se mueven dos inversiones en la misma dirección al mismo tiempo. Entre más baja, mayor el beneficio de combinarlas.

Cartera ponderada por igual: una cartera donde cada posición recibe el mismo peso, en lugar de asignar más dinero a unas empresas que a otras.

Rendimiento de los bonos (yield): el interés anual que paga un bono en relación con su precio actual. Sube cuando el precio del bono baja, y viceversa.

Repunte de tipos: un aumento relativamente rápido en las tasas de interés, o en las expectativas del mercado sobre hacia dónde van esas tasas.

Rotación de cartera: comprar y vender posiciones con frecuencia. Distinto de la gestión de cartera, que puede ser activa y cuidadosa sin implicar movimientos frecuentes.

Preguntas frecuentes

¿Es esta una cartera real en la que puedo invertir?

No. Es una cartera hipotética e ilustrativa, construida con catorce empresas reales de infraestructura para mostrar el efecto de la diversificación. No representa una recomendación de inversión ni una cartera gestionada real.

¿Qué es la diversificación en una cartera de infraestructura?

Es combinar empresas de distintos sectores (energía, transporte, agua, digital) y regiones, cuyos riesgos no se mueven al mismo tiempo. Eso permite que la cartera en conjunto tenga menos volatilidad y caídas más pequeñas que sus componentes por separado.

¿Qué es el índice de Sharpe y por qué importa?

Mide cuánto rendimiento se obtuvo por cada unidad de riesgo asumido. En nuestro ejemplo, la cartera diversificada tiene un índice de Sharpe de 0.74, más del doble que el 0.34 promedio de las acciones individuales, sin sacrificar rendimiento.

¿Por qué importa tanto controlar las caídas máximas?

Porque recuperarse de una caída grande exige una ganancia desproporcionadamente mayor: una caída de 50 por ciento necesita una ganancia de 100 por ciento solo para volver al punto de partida. Reducir la caída máxima acelera la recuperación y protege el capital de largo plazo.

¿Con qué frecuencia hay que ajustar una cartera de infraestructura?

Con menos frecuencia que una cartera de tecnología. Los activos de infraestructura suelen operar bajo contratos y concesiones de largo plazo, así que las posiciones competitivas cambian despacio. La gestión sigue siendo activa, pero no implica operar seguido.

Este artículo tiene fines exclusivamente educativos e informativos y refleja la opinión del autor. La cartera ilustrativa presentada corresponde a datos históricos de mercado combinados de forma hipotética (backtest) y no representa el desempeño real de una cartera gestionada, ni garantiza resultados futuros. No constituye asesoría financiera, recomendación personalizada de inversión ni oferta de compra o venta de valores. StoxLatam no es asesor en inversiones registrado ante la CNBV. Toda inversión conlleva riesgos, incluida la posible pérdida del capital. Realiza tu propio análisis y consulta a un asesor profesional autorizado antes de invertir.

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